Tal como les platiqué hace algunos meses, mi compu se puso en una extraña huelga donde no reconocía ningún disco duro, fuese nuevo o usado.
Debido a esa situación, me vi forzado a utilizar el único sistema operativo que conozco que es capaz de bootear desde CD: Linux, más específicamente, Ubuntu. Aunque, en esta odisea, probé desde Fedora, Mandriva, SuSe, Freespire y la 8.04 y 8.10 de Ubuntu.
Si bien ya había experimentado con Ubuntu desde hacia tiempo, no es lo mismo utilizar un sistema para probarlo y por diversión, que por completa necesidad. La primera vez que me enfrenté a dicho problema, era necesario hacer un extenso ritual para poder utilizar la computadora: iniciar el live CD, instalar el Flash, configurar Pidgin, entrar a mis sitios de correo, conectar una unidad externa para guardar datos, etc. Por mi no hay ningún problema, pero aquí en casa hay otras dos personas que utilizan el equipo y hacer semejante ritual era bastante tedioso para ellos, y en ocasiones, para mí también.
Gracias a Julián, quién amablemente me cedió un disco duro de laptop, pude finalmente instalar el sistema operativo utilizando un case e iniciando por USB. Si bien el sistema no era tan rápido como utilizando un disco IDE o SATA, pude finalmente deshacerme del ritual diario. Al utilizarlo, era realmente sencillo instalar las aplicaciones que existen en los repositorios, con eso no tuve ningún problema. Ubuntu reconoció casi todo mi hardware, exceptuando mi impresora y mis audífonos USB. La pesadilla comenzó al intentar instalar software reciente o que no existía en los repositorios de Ubuntu.
Mi última pantalla en Ubuntu, adornada por Haruhi Suzumiya
Es curioso como Ubuntu (y otras distribuciones de Linux) poseen sorprendentes efectos en 3D, gracias a CompizFusion (el cuál en muchas ocasiones deja muy atrás a Aero de Windows Vista), pero para instalar un simple programa de 34 Kb es necesario recurrir forzosamente a la consola. Lo acepto. Tuve que aprender algunos comandos de la consola. Eso no lo reniego, ya que me sirvió para no estar tan menso en Linux. Pero se me hace bastante incongruente que el sistema tenga unos efectos que deslumbran y llaman la atención de todos, y que muchas funciones básicas aún se tengan que hacer mediante una consola. Si hay personas que no saben usar MS-DOS ¿creen que puedan usar bastante bien la consola de Linux?
Bonitos efectos, pero pocos son de real utilidad
Después, vino el problema de formatear una unidad USB, de renombrar alguna unidad o de instalar mi Lexmark. Es un revoltijo de programas y extensiones: en algunos casos es bajar un .deb e instalarlo (¿cómo creen?) por la consola, para formatear la USB se debe hacer (¿cómo creen?) por la consola, para formatear la unidad mediante interfaz gráfica hay que instalar otra aplicación (¿cómo creen?) por la consola, para renombrar la unidad hay que hacerlo… bueno, creo que ya entendieron.
Mi archienemiga: la consola
No me malinterpreten. No soy un “Microsoft fanboy”. Hay políticas y aplicaciones de Microsoft que deberían echarle un ojo a Linux con el fin de mejorarlo. Su política de licenciamiento apesta, Windows Vista es todo menos útil, los precios que manejan son exagerados… De cosas que echo de menos de Ubuntu y que me encantaría ver en Windows son, por citar algunas, Brasero. Pero sólo la interfaz gráfica y su forma tan simple y sencilla de quemar un CD, sin tanta cosa inútil que traen Nero u otros para Windows. La pre visualización de los archivos de música es otra cosa fenomenal. Sólo es cuestión de poner el cursor encima del icono de la canción para escuchar una parte o toda, sin necesidad de abrir un programa. La personalización es brutal: cambiar iconos, punteros, fondos, efectos y todo eso es sencillamente excelente. En ese aspecto Linux es como la Ford allá por los 60’s cuando sacó al mercado por primera vez el Mustang: existían más de 1000 accesorios diferentes para que ningún Mustang fuese igual que otro. Claro, toma tiempo aprender y entender todos los conceptos que sólo son para que Linux se vea bonito: Metacity, Compiz Fusion, Beryl, etc. Ni qué decir de gtkPod. Así es como debió ser iTunes en un principio y no esa porquería de programa. Con gtkPod hacía todo con una sola aplicación: fotografías, música, video, podcast, reproducción de la música… en fin. Claro, tenía algunos errores, pero con el tiempo te das cuenta de que supera por mucho a la propia aplicación de Apple y con creces. Con PulseAudio pude finalmente hacer funcionar mis audífonos USB. De hecho, me gustó mucho, ya que con esta aplicación puedo seleccionar hacia que dispositivo quiero que se envíe el audio: si a las bocinas o a los audífonos, cosa que es imposible de hacer con Windows, al menos con estos audífonos.
Juego mucho en PC y la mayoría de los juegos salen para la plataforma de Microsoft. Muchos me dirán que lo mejor que pude hacer fue crear una máquina virtual y listo. Pero hacer eso ya cuando el propio sistema host arranca desde USB, no es para nada una buena idea. Instalé VirtualBox y jamás pude hacer funcionar una virtual. Aclaro que este programa ya lo usaba cuando estaba en Windows y de hecho lo prefiero mil veces que al Virtual PC de Microsoft. El acabose fue no poder utilizar mis juegos de Steam, no poder usar el WinKawaks para emular los juegos de arcade (Linux tiene emuladores, pero la mayoría llevan años sin actualizarse o sin soporte oficial, o peor aún: hay que compilarlos por, adivinen, la consola) y esperar para que una actualización de emesene me permitiera enviar o recibir archivos (Pidgin no me gustó y los otros mensajeros instantáneos no me satisfacían del todo).
De ahí jamás continuó…
Ya me extendí bastante. Ya para acabar, mi conclusión es que Linux tiene todavía tiene un largo camino que recorrer. Sobretodo en el ámbito de facilidad y ergonomía con el usuario. He tenido clientes que me preguntan “si no hay nada más fácil que Windows” y la mera verdad, ustedes lo sabrán, Windows es relativamente sencillo. También he visto a personas que llaman a soporte técnico por cuadros de diálogo tan obvios como este:
Y es cierto, me baso en una historia verídica que me sucedió a mí hace unos 3 años. Ahora, imaginen a esas personas usando Linux y que aparezcan semejantes mentadas así:
¿Ven a lo que me refiero? La principal característica de Linux, su universalidad y su código abierto, son quizás su punto flaco. Me explico: es fácil (en teoría) hacer una distribución nueva, añadiéndola a las ya miles de distribuciones existentes. Muchas personas no dan el paso porque explicarles o que comprendan que existen infinidad de variantes llega a ser complicado, y el sólo pensar en una migración o desprenderse de su herramienta de trabajo preferida, los hace pensarlo varias veces. Además, muchas personas de su comunidad (y conste que dije “muchas” y no “todas”) creen que usar Linux los convierte en una élite; en seres superiores. Algunos programadores no les importa mucho su aplicación, sino más que nada que su nombre aparezca en pantalla y ya. Es decir, el egocentrismo de muchos hace que un proyecto noble y muy bueno, termine siendo lo que es hoy: un software que sólo una minoría, en muchos casos elitista, termine por corromper lo que en un principio pensaban defender: la libertad del software. Hasta que esa comunidad deje de jalar cada quién por su lado, acepten críticas (porque, independientemente de mi opinión personal, Linux no es perfecto), se concentren en hacer un solo gran proyecto y que de verdad cumplan el espíritu del software libre al hacerlo para todos, hasta ese entonces, Microsoft y todas las empresas que hacen software privativo, seguirán arriba.
Bienvenidos comentarios y opiniones, pero eso sí: LOS TROLLS, FLAMERS, FLAMEWARS Y COMENTARIOS ABSURDOS O DE INTENTAR EVANGELIZAR A LAS PERSONAS ASÍ COMO FRASES DE “VIVA LINUX” Ó “WINDOWS APESTA” Y TODAS ESAS COSAS SERÁN BORRADOS SIN MISERICORDIA Ó EXCEPCIÓN ALGUNA. Ya existen cientos de foros donde pueden hacer eso, pero este es un espacio donde todos podemos platicar como personas y no como niños berrinchudos. Saludos.